sábado, julio 19, 2008

Los latifundistas de la comunicación

La abundante colección de manipulaciones y distorsiones informativas, en torno al conflicto del "campo", revela que lo que aparece como simpatía por la causa es en realidad solidaridad de clase entre los dueños del campo y los dueños de los medios, hermanados en su condición de captadores de renta extraordinaria. Por Alexis Oliva (*)

La judicialización de la protesta, tema principal del programa de Mariano Grondona; la Marcha de la Bronca, difundida en radio Cadena 3; Enrique Lacolla, desafectado de La Voz del Interior por criticar la posición del "campo"; el repentino interés por arrimarle micrófonos al "pueblo", manifestantes que -palabras más, palabras menos- siempre expresan: "¡Andate, montonera hija de puta!"; la indisimulada alusión a categorías como "piqueteros blancos" y "piqueteros negros", y los aprietes -desde ambos bandos- a los pocos que intentaron cubrir el conflicto con honestidad, son apenas algunas de las postales, cargadas de arbitrariedad e hipocresía, con que se va editando la película del conflicto Gobierno-agro en los medios masivos de comunicación.

Son episodios emergentes de la solidaridad de clase que cunde entre las grandes corporaciones periodísticas y las entidades empresariales del agro, en conflicto con el Gobierno por su política de retenciones móviles a las exportaciones de soja. Una sintonía que revela el estrecho parentesco entre sus intereses económicos, que en algunos casos convergen directamente en mega-eventos como la "Expo Agro" -organizada por Clarín, La Nación y La Voz del Interior-, y en general hermanados en la condición de capitales rentistas.

Desde hace varios años, el seminario de Economía Política y Medios Masivos de Comunicación, de la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba, viene estudiando el modo de producción de las empresas periodísticas y cómo operan en el proceso de reproducción social, con investigación empírica en los medios de comunicación de Córdoba.

Una de las evidencias más generales en este espacio académico indica que el ingreso principal de los medios no proviene de la venta de sus productos -información, entretenimiento, etc.-, sino de "una mercancía que no producen", la que se ofrece en los espacios y tiempos publicitarios que alquilan a sus anunciantes. "En el mejor sentido de la palabra venden aire, espacio vacío, segundos de nada", explica en una ponencia el titular de este seminario, Miguel Haiquel (1).

Esto permite entender por qué las empresas de comunicación "son sumamente rentables y han sido las que han crecido de manera más pujante en los últimos años", señala el trabajo. Por supuesto, también cuentan con otro anunciante no empresario pero muy solvente: la clase política en permanente campaña electoral.

"En este sentido (el anunciante) se asimila al arrendatario que paga un alquiler por el uso de tierras sin laborar, es decir que lo que paga en realidad es una renta". Incluso, "al igual que en el uso de la naturaleza" existen "rentas relativas -que surgen de los diferentes alcances de los medios- que pueden razonarse como las distintas productividades del dinero invertido por las diferencias comparativas de las propiedades de los suelos", explica Haiquel.

En otras palabras, al igual que no genera la misma ganancia una hectárea en Río Cuarto que en Serrezuela, tampoco vale lo mismo el segundo de publicidad en Radio Cadena 3 que en la FM San Cayetano de Serrezuela.

Pero es el Estado -en manos de esa clase política que suele ser rehén de los medios- el verdadero dueño del espacio radioeléctrico que permite esta renta, lo que dimensiona el significado y el calibre de una concesión como fue el decreto 527, con el que Néstor Kirchner extendió en 2005 los plazos de las licencias de radiodifusión a los grandes grupos económicos (ver Un derecho humano pendiente http://www.prensared.com.ar/indexmain.php?lnk=3&mnu=101&idnota=4733).

El "valor" de la palabra

Este "aire de familia" entre la corporación mediática y el agro-empresariado tiene un necesario correlato en el "producto" de los medios, es decir, en sus contenidos periodísticos o línea editorial, porque la "reproducción social" del negocio necesita generar consensos a través del discurso.

Tal como los propietarios de los medios con sus primos del campo, la concentración de discurso se hermana con la concentración de la tierra, así como el desplazamiento de la frontera agropecuaria generado por la soja se emparenta con eso que definimos como "cerco informativo".

En su trabajo "La comunicación masiva en el proceso de liberación", Armand Mattelart afirma: "En la sociedad capitalista, el medio de comunicación tiene una función esencialmente desorganizadora y desmovilizadora de las clases dominadas. Neutraliza y desorganiza dichas clases en tanto clases (y, en cambio, afianza la solidaridad en torno a la clase dominante y sus intereses)". (2)

Además, Mattelart observa cómo esta lógica habitual se acrecienta en una coyuntura política adversa a los intereses de los medios, como ocurrió en Chile durante el gobierno de Salvador Allende, o como sucede ahora en Venezuela y Bolivia.
O bien, dicho por Ignacio Ramonet en un lenguaje acaso más actual, "los medios son el aparato ideológico de la globalización", actores a los que "no les interesa ser el cuarto poder, ni un contrapoder, sino que se unen al poder para oprimir a los ciudadanos". (3)

En este sentido, el prolongado conflicto entre el Gobierno nacional y las entidades del agro resulta ilustrativo de esta estrategia: los medios que habitualmente se dedican a entretener, despolitizar y predicar el individualismo, frente a un conflicto que puso en juego intereses propios y/o de aliados, repentinamente se ideologizaron y desplegaron una comunicación militante, amplificadora de la música tocada por el cuarteto de las patronales agropecuarias e imposible de desmentir por un Indec que desafina.

La reacción de los medios frente a aquellos cortes de ruta protagonizados por los desocupados, definidos como acciones "delictivas" que "avasallaban el derecho a circulación" del resto de los ciudadanos y llegaban a "poner en jaque el orden constitucional", contrasta con la visión romántica sobre los "históricos" piquetes sojeros que bloquearon y desabastecieron al país intermitentemente por casi cien días.

Hubo palabras estiradas hasta el límite del desgarro semántico: el conflicto era del "campo", por lo tanto sus actores eran "campesinos", de manera que no se trató de un lock out empresarial, sino de un "paro". "Guerra gaucha" (Crítica de la Argentina), "bronca campesina" (Canal 12), fueron algunos de los falaces titulares que nunca fueron corregidos, por decisión editorial y también porque el conocimiento sociológico es una herejía cada vez más censurada en las redacciones.

Incluso el calificativo de "histórico" contrastaba con un enfoque deshistorizador, que dejaba la sensación de que las luchas sociales en nuestro país habían comenzado con la resistencia a las retenciones a la soja.

Se sabe -desde la teoría y la práctica- que es posible manipular la información en los distintos niveles de producción periodística: en el plano informativo, interpretativo, de opinión y hasta en la búsqueda misma de datos, voces e imágenes.

Eso se observa habitualmente, pero en este caso algunos medios masivos han hecho eso que habitualmente condenan cuando acompaña causas populares: periodismo militante. Muchos comunicadores convocaron a participar en piquetes y cacerolazos, así como tiempo atrás oficiaron de "punteros mediáticos" de Juan Carlos Blumberg.
(El encabezamiento del comunicado de prensa del Movimiento Campesino de Córdoba, luego de la marcha donde unas mil personas marcharon por el centro de Córdoba el 17 de abril -Día Internacional de la Lucha Campesina- en reclamo contra los desalojos y por la regularización de títulos a las familias campesinas del norte, contiene un elocuente reproche: "Para todo el país y el mundo, para los que se desinforman cotidianamente con La Voz del Interior que censura a sus periodistas y eligen la realidad que difunden". Se referían a la ausencia de la noticia de la marcha y a la desafectación de Enrique Lacolla del diario más importante de Córdoba, luego del rechazo a una nota titulada "La sedición del campo").

Pero el rol de los medios ha ido más allá, al perpetrar una suerte de terrorismo, cuando algunos medios divulgaron el rumor de saqueos que, por citar el ejemplo de Córdoba, ocasionaron un abrupto cierre de comercios en todo el centro de la ciudad. Aquí sí hicieron gala de conocimiento de psicología social respecto a imaginarios y estados alterados colectivos: cualquier ciudadano argentino más o menos informado recuerda que la película que empieza con un saqueo termina con un helicóptero llevándose al Presidente.

Todo esto dio argumento al Gobierno para formular un fuerte cuestionamiento a los grandes medios de comunicación (4) e impulsar la idea de crear un observatorio de medios entre el Inadi, el Comfer y la Universidad Nacional de Buenos Aires, que había sido la creadora original de esta iniciativa obviamente rechazada por las grandes empresas periodísticas, que se expresan a través de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa), institución que suele invocar la "libertad de prensa" cuando en realidad se trata de libertad de empresa.

La idea del observatorio no era tan oficial, ni tan original, ni para escandalizarse tanto. Desde que el propio Ramonet propuso el Observatorio Global de Medios en el Foro Social Mundial (Porto Alegre 2002) han proliferado en todo el mundo iniciativas similares que sólo intentan ampliar la conciencia y participación ciudadana para democratizar la comunicación. Obviamente, si un gobierno lo controla difícilmente cumpla con esa finalidad.

Además, la polémica medios-gobierno tuvo el saludable efecto colateral de reflotar la discusión por una nueva ley de radiodifusión que reemplace a la norma sancionada durante la dictadura militar. Una ley democrática que regule los servicios de comunicación es tan imprescindible para recuperar cultura como las juntas nacionales de granos y carnes para recuperar soberanía alimentaria.

Mientras tanto y más allá de las esperanzas o desconfianzas en esta ley, muchas organizaciones del otro campo, el campo popular, tienen un certero diagnóstico respecto a la manipulación y el "cerco informativo" que los discrimina, y han comenzado a andar el dificultoso camino de la construcción de medios propios.Es una tarea cargada de obstáculos y contradicciones, pero necesaria y posible porque cuenta también con una rica historia, iniciada en nuestro país con la Gazeta de Buenos Ayres, aquel periódico que fue concebido como una parte esencial del proyecto revolucionario de 1810.

Notas y referencias:
(1) Haiquel, Miguel Angel. "La Difusión Masiva y el Mercado", artículo incluido en el libro Globalización y Medios de Comunicación, publicado por el Honorable Senado de la Provincia de Buenos Aires, enero de 1999.
(2) Mattelart, Armand. "La comunicación masiva en el proceso de liberación", Editorial Siglo XXI, México, 1986.
(3) Ramonet, Ignacio. "Información y comunicación en la era de la globalización", ponencia para la Bienal Iberoamericana de Comunicación 2007, organizada por la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba, en septiembre de 2007. (www.prensared.com.ar – Red Capacitación).
(4) En la estrategia oficial de "mostrar las costuras" y desenmascarar a los medios en tanto actores económicos y políticos, Néstor Kirchner ha sido más astuto y certero que su esposa (quien en el primer capítulo del conflicto llegó a definir como "mensaje cuasi-mafioso" a una caricatura de Hermenegildo Sabat, desatando un masivo repudio). "Señor (Héctor) Magnetto, yo le pido que vea que su medio (Clarín) informe con claridad. Colocó 'represión' en Gualeguaychú y cuando pasó lo de Kosteki y Santillán, colocó que 'por la crisis murieron dos personas'", instó el titular del PJ en su conferencia de prensa del 17 de junio.


(*) Secretario de Prensa del Cispren

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